–Los dos primeros párrafos de este artículo me parece que ya los publicó usted en alguna otra ocasión.

–Así es: hace un par de años en mi artículo Reforma o apostasía. II. La reforma necesaria de la Iglesia. Pero estimo conveniente repetirlos.

–La santísima Virgen María, en sus últimas apariciones, hace muy graves denuncias sobre la situación de la Iglesia. La Virgen de La Salette llora los pecados del pueblo cristiano, especialmente los de sus sacerdotes y personas consagradas (1846). Y la Virgen de Fátima, en 1917, les dice a los tres niños videntes:

“Jesucristo es horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes… Rezad, rezad mucho, y haced sacrificios por los pecadores, pues van muchas almas al infierno por no tener quien se sacrifique y pida por ellas… No ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido”…

¡Eso lo dice la Virgen en 1917!, cuando todavía eran muchos los cristianos que se confesaban e iban a Misa, que guardaban hasta la muerte la unión conyugal, que tenían hijos y los educaban cristianamente; cuando las playas estaban desiertas y los Seminarios y Noviciados llenos, cuando muchos sacerdotes y religiosos eran fieles a la doctrina y disciplina de la Iglesia, y florecían las misiones, y había un influjo real de los cristianos en la vida política y cultural; cuando los colegios católicos daban formación cristiana, y las Universidades católicas, etc. ¡Cuánto han crecido desde entonces los males en la Iglesia! ¿Qué diría hoy la Virgen en Fátima a los Pastores sagrados y al pueblo católico?…

Juan Pablo II, visitando Fátima el 13 de mayo de 1982, se lamentaba diciendo: “¡Cuánto nos duele que la invitación a la penitencia, a la conversión y a la oración no haya encontrado aquella acogida que debía! ¡Cuánto nos duele que muchos participen tan fríamente en la obra de la Redención de Cristo! ¡Que se complete tan insuficientemente en nuestra carne “lo que falta a los sufrimientos de Cristo!” Colosenses 1,24.

La Virgen María se apareció en Fátima a tres niños pastores, analfabetos, Lucía dos Santos, Jacinta y Francisco Marto entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917. A ellos, tan ignorantes, como a Santa Bernardita en Lourdes, les confía la Virgen unos mensajes importantes para la Iglesia y el mundo. Haré un resumen muy breve de ellos tal como Sor Lucía, por mandato de su Obispo, los escribió en 1941.[1]

En 1915, entre abril y octubre, aparición del Angel

No recuerda Lucía con exactitud la fecha; tenía ella entonces 9 años:

“¡No temáis! Yo soy el Angel de la Paz. Orad conmigo… Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman… Orad así, y los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas”…

En una segunda aparición

¡Orad! ¡Rezad mucho!… Ofreced constantemente al Altísimo plegarias y sacrificios… De todo lo que podáis, ofreced un sacrificio, un acto de reparación por los pecados con que El es ofendido… Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe.”

Y en una tercera, teniendo el Angel en la mano un cáliz y una hostia

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pecadores… Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios.”

1917, 13 de mayo, aparición de una Señora vestida de blanco, estando los tres niños jugando en una cuesta de Cova de Iría.

–“No tengáis miedo… Soy del cielo… Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13 a esta misma hora… ¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?

–Sí, queremos…

–Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra.”

1917, 13 de junio, aparición de Nuestra Señora, sobre la encina, habiendo rezado el Rosario los tres niños con otras personas

“Quiero que recéis el Rosario todos los días y que aprendáis a leer”. Y a Lucía: “A Jacinta y a Francisco los llevaré pronto [al cielo]. Pero tú te quedarás aquí algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. El quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien la abrazase, le prometo la salvación… No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios”. Fue entonces cuando la Virgen les hizo ver su corazón, rodeado de espinas. “Comprendimos que era el Inmaculado Corazón de María, ultrajado por los pecados de la Humanidad, que pedía reparación.”


1917, 13 de julio, aparición de de Nuestra Señora, mientras los niños rezaban el Rosario con una multitud de fieles

“Sacrificaos por los pecadores, y decid muchas veces, en especial cuando hicierais algún sacrificio: “Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en desagravio por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María”. Al decir estas palabras, abrió las manos… Vimos como un mar de fuego. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas… Asustados, levantamos la vista hacia nuestra Señora, que nos dijo entre bondadosa y triste: “Habéis visto el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar. Pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando vierais una noche alumbrada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones contra la Iglesia y el Santo Padre.

Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones contra la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá y será concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal se conservará siempre la doctrina de la fe… Cuando recéis el Rosario, diréis después de cada misterio: “¡Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al Cielo, principalmente las más necesitadas –Ó meu Jesus, perdoai-no, livrai-nos de fogo do inferno; levai as alminhas todas para o Céu, principalmente aquelas que mais preisarem.”

1917, 19 de agosto, aparición de Nuestra Señora, con gran luz, sobre un carrasco, mientras los niños cuidaban de las ovejas en un lugar llamado Valiños

No se celebró el 13 porque los niños estaban presos en Ourem, sufriendo interrogatorios.

“Quiero que sigáis yendo a Cova de Iría el día 13; que continuéis rezando el Rosario todos los días. El último mes haré un milagro para que todos crean. –Los niños le preguntan qué deben hacer con el dinero que da la gente en Cova de Iría. –Que hagan dos andas: una, llévala tú con Jacinta y dos niñas más, vestidas de blanco; y otra, que la lleve Francisco y tres niños más. El dinero de las andas es para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario; lo que sobre es para ayudar a una capilla que deben hacer… Rezad, rezad mucho, y haced sacrificios por los pecadores, pues van muchas almas al infierno por no tener quien se sacrifique y pida por ellas.”

1917, 13 de septiembre, aparición de de Nuestra Señora, en Cova de Iría, acompañados los tres niños por una inmensa multitud de fieles, que querían presentar ante la Virgen sus peticiones

“Comenzamos a rezar el Rosario con el pueblo. Poco después, el reflejo de la luz, y seguidamente, Nuestra Señora sobre la encina”, que les dice: “Continuad rezando el Rosario, para alcanzar el fin de la guerra… Dios está contento con vuestros sacrificios, pero no quiere que durmáis con la cuerda [atada al cuerpo, para mortificación]; llevadla sólo durante el día”.

Los niños manifiestan a la Virgen que les han encomendado presentarle muchas peticiones.

“Sí, a algunos los curaré, a otros no. En octubre haré el milagro para que todos crean.”

1917, 13 de octubre, aparición de de Nuestra Señora sobre la encina, tras un reflejo de luz

Enorme multitud en Cova de Iría, gran tormenta de lluvia, rezo del Rosario.

“Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honra. Yo soy la Señora del Rosario. Que continúen rezando el Rosario todos los días. La guerra va a acabar… No ofendan más a Dios nuestro Señor, que ya está muy ofendido. –Y abriendo sus manos las hizo reflejarse en el Sol. Y mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectándose en el Sol. He aquí el motivo por el cual exclamé que mirasen al Sol”.

En esta última aparición, como tres meses antes lo había anunciado la Virgen, se produjo un gran signo, que suele llamarse ”el milagro del Sol”, que giraba sobre sí mismo en un espectáculo impresionante. Fue contemplado por unas 70.000 personas, y de él se guardan numerosos testimonios personales, crónicas de periodistas, fotografías, etc.

“Desaparecida Nuestra Señora en la inmensa lejanía del firmamento, vimos al lado del Sol a San José con el Niño y a Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul. San José con el Niño parecían bendecir al mundo, con unos gestos que hacían con la mano en forma de cruz. Poco después, desvanecida esta aparición, vimos a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, que me daba idea de ser Nuestra Señora de los Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir el Mundo de la misma forma que San José. Al desvanecerse esta aparición me pareció ver todavía a Nuestra Señora en forma parecida a Nuestra Señora del Carmen”.

Añadía Sor Lucía:

“No pocas personas se han mostrado bastante sorprendidas por la memoria que Dios se dignó darme. Por una bondad infinita, la tengo bastante privilegiada en todos los sentidos. Pero en estas cosas sobrenaturales no es de admirar, porque ellas se graban en el alma de tal forma, que casi es imposible olvidarlas. Por lo menos el sentido que indican nunca se olvida, a no ser que Dios quiera también que se olvide”.

La Iglesia ha dado su aprobación a la realidad de estas apariciones. Pío XI concede una especial indulgencia a quienes peregrinan a Fátima (1 de octubre de 1930). Pío XII consagra la humanidad al Inmaculado Corazón de María en un radiomensaje (31 de octubre de1942). Juan XXIII, siendo Cardenal, visitó Fátima, y a su Santuario legó su cruz pectoral pontificia. Pablo VI visitó Fátima en el cincuentenario de las apariciones (13 de mayo de 1967).

San Juan Pablo II visita Fátima del 12 al 13 de mayo de 1982, un año después de sufrir un atentado en la plaza vaticana de San Pedro, y en esa ocasión consagra a la Iglesia y a todos los pueblos al Inmaculado Corazón de María. El 25 de marzo de 1984 repite esta consagración con especial solemnidad en Roma, en la plaza de San Pedro, habiendo invitado previamente a todos los Obispos católicos para que se unieran a este acto, que más tarde Sor Lucía considera que satisface la petición hecha por la Virgen. Y el mismo Papa, en el décimo aniversario del atentado, visita de nuevo el santuario de Fátima del 12 al 13 de mayo de 1991. En su tercera visita, San Juan Pablo II beatificó a Francisco y Jacinta, con asistencia de Sor Lucía y de inmensa multitud de peregrinos el 13 de mayo de 2000.

Benedicto XVI también visita Fátima 12 al 13 de mayo de 2010, consagrando a la Virgen especialmente a todos los sacerdotes de la Iglesia. Siendo todavía Cardenal, Prefecto de la Doctrina de la Fe, el Secretario de la Congregación, Mons. Tarcisio Bertone, había hecho público un importante documento: El mensaje de Fátima, en el que se afirma que “Fátima es sin duda la más profética de las apariciones modernas”de la Virgen María.

El mensaje de la Virgen de Fátima tiene hoy una actualidad acrecentada. Sufre hoy la Iglesia católica muy fuertes persecuciones exteriores, procedentes de tantas fuentes antiguas y modernas – protestantismo, liberalismo, masonería, marxismo, laicismo agresivo, modernismo – que han ido configurando una cultura moderna cada vez más cerrada a Cristo y a Dios.

Gran parte del mundo se cierra herméticamente al Evangelio en muchas naciones del Islam, del budismo y del hinduismo, y de antiguas dictaduras comunistas. Y en las naciones de antigua filiación cristiana, pero hoy apóstatas, también se cierra en la escuela y la universidad, en la filosofía y el arte, en grandes organismos internacionales, en leyes criminales de Estados sin Dios y sin ley natural, en muchos medios de comunicación social, etc. Eso explica que los cristianos sean actualmente entre los hombres religiosos del mundo los más perseguidos. Dice Benedicto XVI: “En nuestro tiempo, en vastas regiones de la tierra la fe corre el riesgo de apagarse como una llama que se extingue” (Fátima, 12 de mayo de 2010).

Y aún sufre hoy más la Iglesia por las infidelidades que se dan en su propio interior. En ese mismo viaje, el 11 de mayo de 2010 decía el Papa a los periodistas, que “la mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia.” El pecado de las herejías que se difunden en su interior, de los sacrilegios en la liturgia, de la anticoncepción generalizada, del absentismo mayoritario a la Misa dominical, de la casi desaparición del sacramento de la penitencia y en algunas Iglesias de la confirmación y del matrimonio, de la mundanización de mentes y costumbres, de la falta de vocaciones, de la invasión universalizada de la lujuria y del impudor, del culto a la riqueza y de tantas otras infidelidades al Evangelio, a la Tradición y al Magisterio. Es una hora muy grave de la historia, y más que nunca los católicos debemos estar unidos al Papa y a nuestros Obispos, fieles a la doctrina de la fe y a la gran disciplina de la Iglesia. Pero ante todo, unidos a Cristo, el único Salvador, por la oración y la penitencia. Y a la Virgen María por el Rosario.[2]

Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros.

Infocatolica



[1] Memórias da Irmâ Lúcia, Fátima, 2000, 8ª edición.

[2] El Santuario de Fátima es hoy uno de los más venerados de la Iglesia, anualmente visitado por más de cinco millones procedentes de muchas naciones. Es un poco raro que tanto el Misal Romano, como la Liturgia de las Horas, al menos en su edición española, ignoren a la Virgen de Fátima el 13 de mayo.