Magnesia del Meandro, ciudad comercial de Lidia, rival de Efeso. Había sido antiguamente residencia de Artajerjes. Tenía un templo famoso de Artemisa Leucofena. Sus ruinas están en Inek- Bazar.

Sumario

Enterado de su amor divinamente formado se decide a escribirles, y les desea unión perfecta con Cristo y el Padre

Satisfacción por la concordia en el clero.

La actitud del clero para con el joven obispo debe servir de ejemplo a todos. Obedecer al obispo es obedecer al Padre de Jesucristo.

Es menester ser cristiano, no sólo tener el nombre de tal.

Los dos caminos. La moneda de doble cuño.

Exhorta a la perfecta unidad con obispo, presbiterio y diáconos.

Al igual que Cristo no hizo nada sin el Padre, tampoco ellos deben hacer nada sin el obispo y los presbíteros.

No se dejen engañar por doctrinas judaizantes

Hasta los profetas consiguieron su salvación por Cristo

El Antiguo Testamento fue preparación del Nuevo y no al revés

Escribe esto no para reprender, sino para prevenir

Se sabe indigno de los destinatarios de la carta

¡Que la Iglesia de Magnesia se fortalezca en la fe y en la unidad y

que recen por él y la Iglesia de Siria!

Saludos de parte de los Efesios y de las demás iglesias


Carta a los magnesios

Ignacio, llamado Teóforo, a la Iglesia de Magnesia sobre el Meandro, bendecida en la gracia de Dios Padre, y en Jesucristo, nuestro salvador, en el cual la saludo, y le deseo muchísima alegría, en Dios Padre, y en Jesucristo.

Conociendo vuestro amor perfectamente ordenado para con Dios, regocijado me propuse hablaros en la fe de Jesucristo. Porque, honrado con el nombre de divina dignidad, (Ignacio parece referirse a su sobre nombre de Teóforo: “Portador de Dios”. Otras interpretaciones, son que el santo habla de su dignidad episcopal, otros piensan en sus sufrimientos por amor a Cristo) en las cadenas que llevo canto a las Iglesias, y hago votos por su unión con la carne y el Espíritu de Jesucristo, nuestra vida para siempre, y unión en la fe y en la caridad ( a la que nada aventaja) y – lo que es más soberano – unión con Jesús y el Padre, en el cual soportaremos y esquivaremos la audacia del príncipe de este mundo, y llegaremos ala participación de Dios.

Después de haber tenido la dicha de veros en la persona de Damas, vuestro obispo, varón digno de Dios, de los dignos presbíteros Baso y Apolonio, y en la persona de mi consiervo, el diácono Sotión, mi alegría por su subordinación al obispo como a la gracia de Dios, y al presbiterio como a la ley de Jesucristo (sigue con c.6.)

En cuanto a vosotros, conviene que no abuseis de la juventud del Obispo (cfr. 1 Timoteo 4,12), sino que conforme a la potestad de Dios Padre, le prestéis todo acatamiento; como he sabido que lo hacen los santos presbíteros, quienes, no menoscabando su aparente juventud, con divina inteligencia reconocen su autoridad, mejor dicho no la suya, sino la del Padre de Jesucristo, Obispo Universal. En honra, pues, de Aquel (Dios, el “obispo invisible y espiritual”) que nos ha querido, es menester obedecer sin falsedad alguna: porque no engaña uno a este obispo visible, sino que embauca al invisible. Lo cual no es un asunto según la carne, sino según Dios, que ve lo escondido.

Es congruente, pues, no sólo llamarse cristiano, sino también serlo: no como algunos, que honran al obispo con la boca, pero hacen todo fuera de su autoridad. Los tales no me parecen de una conciencia bien formada, porque no se reúnen legítimamente y conforme al mandamiento.

Mas como todo tiene su fin, dos cosas se nos proponen juntamente: la muerte y la vida. Y cada uno ha de ir a su propio lugar. Pues como hay dos clases de monedas, una de Dios y otra del mundo, y cada una tiene su propio cuño grabado, así los no creyentes son de este mundo, mas los creyentes tienen en la caridad el cuño de Dios Padre por Jesucristo, cuya vida no tenemos en nosotros, si espontáneamente no estamos dispuestos a morir a imitación de su pasión.

Pues, bien, después de haber visto y abrazado en las personas antes mencionadas a vuestra comunidad entera en la fe, os exhorto a hacerlo todo con tesón e inteligencia con Dios, bajo la presidencia del Obispo en lugar de Dios, de los presbíteros en lugar del consejo de los apóstoles, y de los diáconos mis delicias, encargados del servicio de Jesucristo, El que antes de los siglos estaba al lado del Padre, y al fin apareció [en el mundo].

Todos, pues, tomando por modelo la concordia divina, respetaos mutuamente; nadie mire al prójimo según la carne ¡más bien amaos siempre en Jesucristo. ¡Nada hay entre vosotros que pueda dividiros, sino estad unidos al Obispo y a los superiores como ejemplo y enseñanza de inmortalidad!

Y así como el Señor nada hizo sin el Padre, siendo uno con El, ni por sí mismo ni por los apóstoles: así vosotros nada hagais sin el Obispo y los presbíteros. Tampoco os parezcan encomiables reuniones por separado y particulares: sino en la asamblea común haya una oración, una súplica, una mente, una esperanza en caridad, en irreprochable alegría.

¡Uno solo es Jesucristo; nada mejor que El! Todos, pues, concurrid como a un solo templo de Dios, como a un solo altar, a un solo Jesucristo, salido del único Padre, con quien coexiste y a quien volvió.

No os engañeis con doctrinas extrañas ni con mitologías antiguas e inútiles. Porque, si hasta ahora seguimos viviendo según el judaísmo, cofesamos no haber recibido la gracia. Porque los divinísimos profetas vivieron conforme a Jesucristo. Por eso también fueron perseguidos, inspirados como estaban de su gracia para convencer a los infieles de que existe un solo Dios, el cual se hizo manifiesto en Jesucristo, su Hijo, que en su Verbo Eterno, no salido del “Silencio”(Sigé), que en todo fue la complacencia del que le envió.

Pues bien, si los que siguieron el orden antiguo llegaron a la esperanza nueva, no ya observando el sábado ,sino el día del señor, en el cual también surgió nuestra vida por El y por su muerte, lo que algunos niegan – por ese misterio recibimos la fe y por El resistimos para ser hallados discípulos de Jesucristo, nuestro único Maestro ¿cómo podríamos nosotros vivir fuera de El, a quien hasta los profetas, sus discípulos en espíritu, esperaban como a su Maestro? Por eso El, después de su venida – por ellos justamente esperada- los resucitó de entre los muertos.

¡No seamos, pues, insensibles a su benignidad! Porque si El va a imitarnos a nosotros según lo que obramos, ya no existimos¡ Por eso, siendo sus discípulos, aprendamos a vivir conforme al cristianismo! Porque quien sea llamado por otro nombre que éste, no es de Dios. Tirad, pues, la levadura mala, la añeja y ácida, y transformaos en levadura nueva, que es Jesucristo. Sed salados en El, para que ninguno de vosotros se corrompa; porque por el olor seréis convencidos. Esta fuera de lugar hablar de Jesucristo, y judaizar. Porque no acató el cristianismo la fe del judaísmo, sino el judaísmo la del cristianismo, en el cual se reunió toda lengua que cree en Dios.

Esto, empero, mis queridos, os escribo no porque haya sabido que algunos de vosotros se portan así; mas, como el menor de vosotros, quiero precaveros para que no caigáis en los anzuelos de doctrinas vanas, antes bien tengais la perfecta convicción del verdadero nacimiento, de la Pasión y de la resurrección realizada en el tiempo del gobierno de Poncio Pilatos: todo lo cual fue cumplido verdadera y seguramente por Jesucristo, nuestra esperanza, de la cual a nadie de vosotros suceda que se aparte.

¡Ojalá que yo goce de vosotros en todo! Con tal que sea digno de ello. Porque, aunque encadenado, no soy nada en comparación con cualquiera de vosotros, que estáis libres. Estoy persuadido de que (por lo que os digo) no os envanecereis teniendo el espíritu de Jesucristo en vosotros. Más, aún, sé que, cuando os elogio, os ruborizáis, según está escrito: “Es justo es su propio acusador” (Proverbios 18,17)

Esforzaos, pues, por asentaros firmemente en la doctrina del Señor y de los Apóstoles, para que todo cuanto hagáis sea bien encaminado en carne y espíritu, en fe y caridad, en el Hijo y el Padre y el Espíritu, en el comienzo y el fin, a una con vuestro dignísimo obispo y la dignamente tejida corona espiritual de vuestro presbiterio y vuestros piadosos diáconos. Subordinaos al obispo, y los uso a los otros, como Jesucristo al Padre, según la carne, y los apóstoles a Cristo y al Padre y al espíritu, a fin de que exista unidad carnal y espiritual.

Persuadido de que estáis llenos de Dios, os he exhortado brevemente. Acordaos de mí en vuestras oraciones, para que alcance a Dios, y de la Iglesia de Siria – de la que no soy digno de llamarme miembro – porque necesito de vuestras oraciones, unidas en Dios, y de vuestra caridad, para que la Iglesia de Siria merezca ser regada por vuestra Iglesia.

Os saludan los Efesios desde Esmirna, de donde estoy escribiéndoos, los cuales están presentes para la gloria de Dios – y al igual que vosotros, me fortalecieron en todo – junto con Policarpo, obispo de los Esmirnenses.

Igualmente os saludan las demás Iglesias en honor de Jesucristo ¡Sed fuertes en la concordia de Dios, en posesión del espíritu indivisible: Jesucristo!